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Biografias Escolares


Biografía escolar de Susana Negrín Benech




 "Todo el universo está, pues, engranado dentro de un movimiento y actividad sin fin; es una continua danza cósmica de la energía"   Fritjof Capra
                                                                                                 





Asocio estas palabras de Capra con  mi vida de niña pequeña. Efectivamente la recuerdo como una vida llena de movimiento, color, aromas, música, cuentos, afecto y juegos. Juegos al aire, al sol, al viento, bajo la lluvia de verano, en el jardín, en la playa, el arroyo, el campo, de noche cazando Bichitos de Luz , una verdadera y amorosa danza de energía...
  (Muy quietecita en la foto porque así tenía que ser y sin colores porque así era la tecnología)




Al irme acercando a los 6 años, apareció la escuela en el horizonte  (vivía en el campo y en las escuelas rurales aún no había pre escolar) y comencé a soñar  con esa nueva experiencia a la que mis padres daban tanta importancia. Recuerdo el olor que despidió el paquete llegado desde Montevideo por correo con mi primera cartera de cuero, la cartuchera de madera, etc. ¡Cuánto había que esperar para que llegara marzo!!
Llegó el primer día de clase. La cara lo dice todo!!!



La escuela me recibió con sus bancos dobles de madera, el pizarrón  y una excelente Maestra propia de la época con su túnica impecable y unos cromos maravillosos con brillantina para regalar a los alumnos que no faltaban en todo el mes. Sabía mucho, era muy responsable, mantenía la disciplina y era y es aún muy querida por la comunidad.
La fascinación que ejercían sobre mi esas letras que había que aprender a unir y a trazar valían el esfuerzo de estar gran parte del tiempo quieta y en silencio.  Y un día que no olvidaré las letras se unieron para dejar un significado en mi mente. A partir de allí no pude parar más de leer.... sin embargo poco a poco la escuela comenzó a asfixiarme, a perder sentido. A parir de 3ero me convertí en una alumna que no encontraba motivación allí. Solo tres cosas no dejé de amar:
La biblioteca, cuyos libros leí todos (excepto "Historia de las Civilizaciones" grande, voluminoso y de tapas oscuras) La maestra se ocupó siempre de incrementarla y mantenerla funcionando.
Cantar, también con la maestra, lo hacíamos a capella, al unísono o en canon y sonaba muy bien.
La primavera, Qué maravilla cuando llegaban los días lindos y tibios!! Se abrían las puertas y ventanas. Me abstraía en los perfumes, los zumbidos de las abejas, cantos de los pájaros, viento y sol. Todo allí afuera invadía el aula cuando estaba en silencio invitando a la danza.
En realidad  eso que para mi tenía tanto significado era lo que, en la escuela tradicional todavía no se valoraba como "aprendizaje". Está en el nivel de las emociones y el pensamiento intuitivo pero no  en el nivel del conocimiento científico lo que me volvía cada vez peor alumna.( Qué bueno que ahora sabemos de las inteligencias múltiples) Pasaba de clase con pobres notas. Redactaba bien y me gustaba hacerlo pero los trabajos quedaban llenos de correcciones rojas debido a la cantidad de faltas de ortografía que hacía. Odiaba la matemática. Las tablas de multiplicar que había que aprender de memoria, las cuentas y los problemas no tenían sentido para mí.
Acepté sin ningún reparo y sin resentimiento  el lugar de niña con poca capacidad de trabajo, distraída y con grandes dificultades en matemática, aunque nadie me definió de esa manera. Pobre Maestra!! creo que hasta me volví impertinente y molestaba!!
Continuamente llevaba libros nuevos a casa y no los dejaba hasta que los terminaba excepto cuando mi madre me obligaba a hacerlo porque no le parecía saludable que me aislara de esa forma.
Comenzaron a mandarme a estudiar piano que me encantaba, corte y confección, cocina, bordado....
Lo peor fue que cuando estaba terminando sexto, dije que no iba a ir al liceo.  Entonces mi mamá y la Directora decidieron que repitiera el año porque así afirmaba los conocimientos(si pasaba lo iba a hacer con muy mala nota) y a la escuela le venía bien para mantener el número de alumnos y no perder la maestra ayudante. ¡Cómo  odié ese último año!!
Por supuesto que cuando terminé nuevamente no quise ir al liceo. Me puse a trabajar unas horas cuidando los hijos de mi maestra.
Seguí leyendo todo lo que encontré en mi casa, en la de mis amigos y  en la Iglesia que tenía una gran biblioteca.
Canté en coros, y formamos grupos con mis amigos para cantar folklore. Aprendí a tocar la guitarra.
Un día a los 17 años" resolví por mi y ante mi" que iba a comenzar el liceo.
Dicen  muy poeticamente, que estamos hechos de polvo de estrellas y que cuando una idea nos apasiona y nos pone en movimiento, todo el universo colabora otorgando la energía necesaria para que se concrete lo que deseamos.
Llegué al liceo. Recién ahí me di cuenta ( porque era 4 años mayor que todos mis compañeros y con la ayuda de algunos entrañables profesores) todo lo que había aprendido en mis amados libros.   Manejaba un extenso vocabulario, redactaba muy bien lo que se valoró ya en esa época por encima de las faltas de ortografía.  Con la ayuda del profesor de Lengua fueron desapareciendo poco a poco pero aún hoy, aunque escribo ortográficamente  nunca me pude sentir segura en ese tema.
Fui muy buena alumna en secundaria en todas las materias incluso física y química pero nunca en matemática aunque la aprobé ¡Las cosas qué memoricé para los exámenes!! Cuando fui maestra de primer años, me daba gracia porque al enseñar comprendía un montón de relaciones básicas de matemática que al no haberlas construido en su momento impedían el abordaje de otros conceptos más complejos.
De ahí en adelante al estudiar   magisterio y luego permanentemente a lo largo de la carrera me fue muy bien y disfruté muchísimo con el trabajo. Cuando pasaron los años la danza comenzó a cambiar y  sentí que era el momento de abordar otra nueva  etapa fuera del  sistema educativo  porque, para terminar como comencé, hay que estar atentos " Cuando la danza cambia, el sonido que produce también cambia"    Fritjof Capra




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